Casa Pasiva – IV. Confusiones y Abusos

En este último post trataremos sobre las confusiones y los abusos que se producen con respecto a la Sostenibilidad en el sector de la Edificación.

La Ciudad

Hacia el 2050, más de la mitad de la población mundial se concentrará en las ciudades. Un hecho que, unido a los llamados “procesos de reestructuración económica” está transformando nuestras ciudades y nuestros modos de vida.

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En este panorama de tránsitos, gestionados desde el capitalismo semiótico, la ciudad está condenada a transmutar en signo/mercancía. Por tanto, las políticas de desarrollo se enmarcarán en lo que se ha venido a llamar “branding urbano”. En otras palabras, vincular el territorio con una imagen de marca determinada.

“…la imagen se ha convertido en una condición necesaria del proceso mismo de la transformación urbana, hasta tal punto que se puede considerar como el primer elemento necesario para producir ciudad.”

Francesc Muñoz. urBANALización: paisajes comunes, lugares globales.

 

No obstante, para que esta estrategia funcione, es primordial la creación de un “itinerario” para el consumidor. De ahí la explosión de lo que nos gusta definir como “geografías fructíferas”. Esto es, cartografiar la ciudad para crear un itinerario turístico que armonice con la “idea de ciudad” que queremos comunicar.

En este nuevo “Grand Tour” global, las ciudades compiten entre sí para ofrecer la mejor experiencia al visitante. A la hora de implementar estrategias de éxito, la arquitectura y el urbanismo han resultado herramientas clave.

 

La Sostenibilidad

Aunque la necesidad de reducir el consumo energético surge de una obligación económica. También es verdad que, progresivamente, vamos tomando conciencia de las terribles consecuencias de nuestra actividad en el planeta y de que los recursos son limitados. Es evidente que, para asegurar la supervivencia, debemos cambiar nuestras formas de consumo.

Cuidar el planeta es un ejercicio de responsabilidad y de necesidad.

Al mismo tiempo que surgían voces alertando del cambio climático, se multiplicaba la atracción que ejercían conceptos como “ecológico”, “verde”, “bioresponsable”, “medioambiental”… Para un creciente número de personas, actuar de modo responsable con el entorno se convierte en un comportamiento aspiracional.

Como mencionábamos en un párrafo anterior, la sociedad va asimilando valores ecológicos. Pero, en la práctica, continúa con los viejos hábitos de consumo. Ante la necesidad de lograr un equilibrio -mantener el estilo de vida occidental reduciendo el impacto que produce- irrumpe la idea de Sostenibilidad.

En 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo presenta el informe «Nuestro futuro en común» (informe Brundtland). El informe describe el desarrollo sostenible como aquel:

“que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”

 

Desde una perspectiva amplia, el concepto de sostenibilidad es positivo, ya que nace con la voluntad de establecer unos principios éticos básicos. Sin embargo, su falta de definición -de contenido concreto- permite que bajo el marchamo de sostenible se inscriban prácticas de todo tipo.

 

El Edificio Sostenible

Por un lado, el urbanismo y los edificios son piezas clave en la configuración de la “identidad de ciudad”; por otro, la idea de “sostenibilidad” se asimila en la población como elemento significativo, emocional y aspiracional. Era cuestión de tiempo que ambos elementos acabaran confluyendo: el edificio sostenible.

 

Cuantificando la sostenibilidad

En muy poco tiempo, la sostenibilidad se ha consagrado como un elemento de creación de valor para las empresas. Hasta el punto de que, hoy en día, es difícil encontrar una organización que no la integre entre sus valores corporativos.

Se entiende que, la inclusión de prácticas sostenibles, dan cuenta de la responsabilidad social y ambiental de una empresa. Y el/la consumidor/a responde muy positivamente a esta idea.

El atractivo de “lo ecológico” ha conseguido que la sociedad asimile que aquello que beneficia a la Naturaleza conlleva un beneficio para el/la propi+ consumidor+.

Tanto es así que el espectro de productos y/o servicios que lucen sello de sostenibilidad se ha extendido de forma exponencial. Coches, eventos, comida, ropa, edificios, fábricas… hay un certificado de sostenibilidad para todo. Ante un mercado tan amplio, el número de empresas que ofrecen este tipo de certificación se ha disparado.

El sector de la edificación no ha sido ajeno a esta expansión. De igual forma, ha experimentado un incremento de empresas que ofrecen parametrizar y optimizar el rendimiento energético y/o el impacto ambiental de los edificios.

Cualquiera que haya tenido un mínimo contacto con los procesos de calidad, le será fácil recordar el mantra: medir para mejorar. Por tanto, la existencia de sistemas que analicen rigurosamente la sostenibilidad y propongan soluciones para su mejora es una buena noticia. Sin embargo, en la práctica, certificar la sostenibilidad está dando lugar a desmanes de todo tipo.

 

Greenwashing. La mentira verde

Al no existir una normativa que cuente con el reconocimiento de la comunidad global, términos como bio, eco, sostenible, reciclable… se pueden aplicar sin criterio definido. Como consecuencia, se reproduce sin cesar el uso engañoso de la idea de responsabilidad medioambiental. Esta práctica tan extendida se conoce como greenwashing:

forma de propaganda en la que se realiza márquetin verde de manera engañosa para promover la percepción de que los productos, objetivos o políticas de una organización son respetuosos con el medio ambiente

Para tratar de frenar este uso ilícito, a través del proyecto Stop Greenwash, Greenpeace denuncia este tipo de actuaciones engañosas.

 

Eco-Tech. Cómo convertir artefactos tecnológicos en iconos de sostenibilidad

La arquitectura Eco-tech se presenta como la perfecta unión entre sofisticada tecnología y sostenibilidad. Bajo esta denominación, se intentará revestir con una pátina de ecología las ostentosas construcciones high-tech.

«Este desplazamiento ha coincidido no por casualidad con el cambio de actitud de las principales compañías eléctricas y petroleras, que desde el año 1973 se han desplazado paulatina pero persistentemente desde el rechazo frontal hasta el liderazgo en los sectores de la energía renovable y los productos constructivos con aplicación a la escala arquitectónica.»

Iñaki Ábalos. La belleza termodinámica

En estos “modelos de sostenibilidad” se funde la autoría de arquitectos-estrella con un despliegue tecnológico apabullante. Capas y capas de artefactos -en muchas ocasiones de dudosa utilidad- que pretenden hacer pasar la eficacia tecnológica como ecología. Y, a pesar de estar lejos de resolver problemas de habitabilidad, o los desorbitados costes de mantenimiento o el derroche energético, siguen publicitándose como iconos de arquitectura sostenible.

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Como afirma Carlos Verdaguer“…los apóstoles de la tecnología y el mercado se han apresurado en añadir el antaño hirsuto y desprestigiado y ahora terso e imprescindible adjetivo ‘ecológico’ a todas sus realizaciones. Sólo desde esta perspectiva se entiende que aquella corriente de la arquitectura que ha demostrado ser la más despilfarradora de recursos, la más elitista y la más costosa de mantenimiento, abrazada con entusiasmo por las corporaciones y entidades financieras más poderosas, responsables en muchos casos de los mayores desastres ecológicos, esté ganando la carrera a la hora de apoderarse del preciado adjetivo.”

Esta tendencia arquitectónica constituye un ejemplo perfecto para ilustrar la “flexibilidad” del concepto de sostenibilidad.

 

Quién certifica qué. Un conflicto de intereses

El panorama actual nos presenta a una serie de empresas privadas que desarrollan metodologías y estándares propios y emiten y gestionan sus propios certificados. El conjunto de prácticas o criterios quedan legitimados por la reputación que genera su marca. Dicho de otro modo, es un proceso cerrado en el que la propia organización se encarga de legitimar sus productos.

En este sentido, también la falta de claridad sobre las empresas que se encuentran detrás de las instituciones certificadoras, arroja serias dudas sobre su legitimidad. Cuesta explicar la coherencia de una organización que se presenta como líder de la sostenibilidad y, al mismo tiempo, apoya prácticas ecológicamente insostenibles como la fractura hidraúlica.

Es necesaria una institución pública y de alcance internacional que -de forma escrupulosamente transparente- establezca criterios y estándares basados en investigaciones neutrales y veraces.

 

El desempeño real del edificio

En aquellas ocasiones en las que se ha medido el desempeño de edificios con certificación de sostenibilidad, el resultado no ha sido el esperado. Así ocurrió en New York tras la aplicación de la Local Law 84. Cuando se hicieron públicos los datos de eficiencia energética y consumo de agua en diversos edificios certificados, se comprobó que su desempeño real estaba lejos de los consumos prometidos. Como ejemplo, el 7 World Trade Center (certificado LEED Oro) no superó el estándar mínimo para ser considerado edificio eficiente por la agencia federal.

 

Item más, las evConsumo-por-usos-de-los-hogares. Idaealuaciones de desempeño se llevan a cabo antes de que habiten personas dentro de los edificios.

Y, de forma generalizada, no se tiene en cuenta el gasto energético de electrodomésticos o ascensores.

 

Es evidente que, si obviamos la interacción entre el espacio y las personas, los datos de consumo no pueden ser reales. Nos encontramos, por tanto, con mediciones poco fidedignas.

A ello hay que añadir la “ceguera” de muchos certificados. Ya que se pretende aplicar los mismos parámetros a cualquier edificio. Obviando las diferencias culturales o climáticas del lugar en el que se encuentra.

 

El equilibrio imperfecto

Además de cursos de formación, asesoría y el propio certificado, es habitual encontrar en estas empresas un listado de productos asociados. Esto es, elementos de construcción (desde ventanas a tejados, puertas o aislantes) que cuentan con certificado de sostenibilidad. Productos cuya sostenibilidad queda avalada por la misma emisora de certificados.

Sin embargo, no se especifica la trazabilidad de estos productos -para poder confirmar que, realmente, son sostenibles. A pesar de ello, su utilización aporta puntos para conseguir el ansiado certificado.

En definitiva, estas organizaciones “sin ánimo de lucro” desarrollan una intensa comercialización de productos y/o servicios. Una circunstancia que puede crear un cierto escepticismo sobre la validez de estos certificados.

 

El retorno a la casa pasiva

No nos queda tiempo para seguir dilatando nuestro compromiso decidido con ese “punto azul pálido”. Ni podemos mantener la huella energética actual, ni podemos despilfarrar los escasos recursos que nos quedan.

En consecuencia, necesitamos de todo aquello que nos permita reducir, hasta eliminar, el consumo y el impacto que producimos. Si logramos encontrar metodologías y herramientas que funcionen realmente, deben aplicarse de inmediato. Tampoco podemos hacer de la sostenibilidad un objeto de lujo al alcance de unos pocos. No podemos penalizar aquello que nos permite mejorar. Y es esta una cuestión en la que la hipocresía o las estrategias de márketing son simulacros que deben ser superados.

El fetichismo de una sostenibilidad cimentada sobre tecnologías desbordantes y refinadas continua su espiral infinita. Modelos mecánicos cuyo objetivo se focaliza en la eficiencia y el rendimiento. Que nos dibuja el entorno como un contrincante hostil del que debemos aislarnos. Y cuya metodología nos confina en edificios sellados y convenientemente certificados.

 

Surgen voces para reconducir la arquitectura a una agenda termodinámica y ecológica. Una relectura de las técnicas pasivas y bioclimáticas en el que resultan vitales los intercambios de energía. Cuyo objetivo es la reducción del consumo al mínimo, no la gestión eficaz. El edificio como un sistema abierto y en permanente flujo. Y en relación directa con su contexto, su espacio interior y las personas que lo habitan.

 

Un marco de trabajo que compartimos y que permite concentrar los esfuerzos de tod+s en lo que verdaderamente importa: en el cuidado de nuestro planeta.

 

Este post pertenece a una serie de 4 artículos sobre la Casa Pasiva. Puedes leer el resto de artículos pinchando en los links:

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